jueves, 9 de abril de 2026



Aprender a distinguir entre lo que quiero-lo que debo y lo que creo que quiero y debo hacer...


Un rato después de la iluminación provocada por la drástica decisión de dejar la terapia, los circuitos se conectaron, el problema no es la depresión, no es el "destino infausto" que me "persigue" desde niña, no es la locura mundial de los seres humanos que han perdido la humanidad, no son los otros, soy yo, que me acostumbré a vivir en estado de alerta esperando lo peor, victimizarme una y otra vez, cosa que tampoco me acomoda porque pienso que todo el sobrepensamiento, es una facultad permitida solamente a la burguesía, jamás una persona que pasa hambre, frío y carece de redes, tendrá un momento para pensar en el maltrato que puede sufrir a diario, jamás se permitirá o tendrá la oporunidad de aclarar sus pensamientos, seguramente seguirá trabajando, viviendo, amando, cuidando, sin conocer lo que son las cavilaciones sin saber que la angustia que la habita es un síntoma de tanta emoción no resuelta, de tanta injusticia que la patea en el suelo una y otra vez, la angustia, la ansiedad, la depresión no saben de lucha de clases, ni de brechas de género, ni color político, edad, color de piel, está ahí, conviviendo con las personas, ahogándolas a veces, violentándolas otras, y en ocasiones extremas matando en vida o arrastrando al suicidio.

Saliendo de la consulta, sentí un nudo que se soltaba, un airecito que me acariciaba el alma, vive el momento me decía, no te adelantes, flota, no te hundas, duerme, descansa, luego despierta y vive, solo eso, no es tan difícil....

Llevo 3 días así, aún tengo insomnio, aún siento pena por la realidad producto de los acontecimientos que el acordeón del tiempo se encarga de transmitir con su melodía.

No descubrí la rueda, que seguirá rodando ... y tal vez esta sensación de liviandad y calma se me hará habitual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario