jueves, 23 de julio de 2026

Una vez leí que siempre hay que tener una luz encendida en el portal, para que lxs extraviadxs encuentren su camino...me acostumbré a eso y a tener la tetera con agua hervida todo el día, nunca se sabe cuando alguien tocará tu puerta y necesitará beber algo tibio, la luz y el calor abrigan el alma de quienes dejaron de creer en la esperanza...

Hay que acomodar sus ramas, pensé, esquivando la copihuera al pie de la escalinata de entrada a la casa, (la misma donde anidaron los colibríes, meses antes de que mi padre dejara este mundo)...  este año nadie guardó la clepia, que cada comienzo de invierno Fernando enrrollaba y guarecía bajo techo, para que las heladas otoñales no la dañaran...mi padre descansaba y ya no se levantaba, no podía, se debilitaba... muriendo un poco más cada día...

 Abril, así como traía el frío y las heladas, trazaba el camino que mi padre a duras penas recorría cada día, el sendero se estrechaba, y su cuerpo ya no respondía como era costumbre...creo que la clepia perdonará nuestro descuido, así como yo perdonaré a la vida que no sea infinita...